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Cuando el panóptico lidera la mayor conferencia ¿de Bitcoin?

«El panóptico es una máquina de disociar la pareja ver-ser visto: en el anillo periférico se es totalmente visto, sin ver jamás; en la torre central, se ve todo, sin ser jamás visto».

Michel Foucault, Vigilar y castigar.

Cuando Foucault describió el panóptico de Bentham, no estaba inventariando una arquitectura carcelaria del siglo XVIII; estaba diagramando el dispositivo de poder que organiza la modernidad. Una torre central que ve todo sin ser vista. Un anillo periférico totalmente expuesto a la mirada. Los presos —aunque también pudiéramos llamarles ciudadanos— interiorizan la vigilancia hasta el punto de no necesitar ya al vigilante. Se vigilan solos.

Si alguien se preguntaba qué cara tendría el panóptico financiero del siglo XXI, en la lista de speakers de Bitcoin 2026 tiene la respuesta: el director del FBI, el fiscal general en funciones, los presidentes de la SEC y de la CFTC subidos al escenario de la que se vende como la mayor conferencia de Bitcoin del mundo. ¿Son estas las voces que queremos que den forma al futuro de Bitcoin? Y, defendiendo esa cartelera en X, voces que acusan a los bitcoiners europeos de buscar una distopía marxista.

La operación retórica merece desmontarse pieza por pieza. Porque acusar de marxismo a quien defiende la separación del dinero y el Estado, mientras se aplaude al regulador en el escenario, es de los giros más irónicos que ha conocido el ethos bitcoiner.

Una falacia con dos caras

El argumento que defiende la presencia de estos cuatro funcionarios en el escenario es una falacia de tú también combinado con una generalización apresurada: «al menos esta administración no ha sido tan agresiva como otras contra Bitcoin», dicen, «mientras que los bitcoiners europeos quieren que Bitcoin sea ilegal». La estructura del razonamiento se sostiene sobre una doble distorsión.

Primera distorsión: comparar la administración Trump con administraciones anteriores no la convierte en aliada del ethos bitcoiner; como mucho, en menos hostil que sus predecesoras, aunque esto haya servido para el lucro de la familia presidencial. Que Gary Gensler fuera peor regulador que Paul Atkins no es un argumento a favor de Atkins; es solo un argumento contra Gensler. La cama de Procusto contra la que se mide a esta administración no es Bitcoin, es la administración anterior.

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Segunda distorsión: trasladar todas las responsabilidades a un presunto bitcoiner europeo abstracto, al que se atribuyen en bloque las preferencias políticas mayoritarias de un continente. Es la generalización apresurada en estado puro. Que Europa tenga, en promedio, mayor inclinación al intervencionismo estatal que Estados Unidos no dice nada sobre los bitcoiners europeos. De hecho, dice lo contrario: el bitcoiner europeo es, casi por definición, una reacción al intervencionismo de su entorno.

Quien corre un nodo en Berlín, organiza una reunión en Praga o defiende a Samourai Wallet desde Madrid no está pidiendo más Estado. Está intentando construir, contra corriente, los espacios paralelos que Estados Unidos parece estar abandonando. En pocas palabras, se acusa al europeo por defender el ethos cypherpunk-libertario que, irónicamente, nació en Estados Unidos.

La genealogía libertaria de Bitcoin tiene pasaporte americano

La cadena que va de los Extropianos, pasando por la Lista de correo de Cypherpunks al bloque génesis de Bitcoin es enteramente americana. Max More, aunque británico, promovió el debate sobre la Desnacionalización del Dinero entre los Extropianos en Estados Unidos. David Chaum, aunque fundaría su DigiCash en Países Bajos, creció y se formó en California. Timothy May escribe el Manifiesto Criptoanarquista en California en 1988. Hal Finney —el primer destinatario del documento técnicoel primer receptor de una transacción de Bitcoin— vivía en Santa Bárbara.

Y cuando hubo que poner en práctica las Redes negras que May había imaginado, no fue un europeo quien lo hizo: fue Ross Ulbricht, tejano, quien terminó pagando con cadena perpetua —después conmutada por Trump— el haber tomado en serio la idea cypherpunk de un mercado libre de la coerción estatal.

Si bien el sustrato económico que amalgama a todas estas personas es de raigambre austríaca, la puesta en práctica de las ideas hayekianas a través de la criptografía se dio en territorio estadounidense.

Si hubiera que rastrear una tradición de desconfianza radical hacia la concentración del poder, ese rastro también iría de Jefferson a El Federalistade Thoreau a Lysander Spooner, de Murray Rothbard a Tim May. La libertad individual frente al Leviatán no es una rareza europea ni mucho menos marxista: es la promesa fundacional, hoy raída, de la república estadounidense.

El panóptico que ya existe (y lo construyeron los del escenario)

Aquí es donde la inversión retórica del tuit que defiende a estos cuatro funcionarios alcanza su máxima nitidez. Quienes acusan a otros bitcoiners de querer construir una distopía aplauden al organismo que ya construyó —documentadamente, judicialmente, sin que sea necesario imaginarlo— el sistema de vigilancia masiva más extenso de la historia.

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El nombre técnico del aparato es PRISM. Operativo desde 2007, fue revelado en 2013 por Edward Snowden —también perseguido por esto, cabe acotar—. Permite a la NSA, el FBI y la CIA acceder directamente a las comunicaciones almacenadas en los servidores de Microsoft, Google, Apple, Facebook, Skype, Yahoo, YouTube y otros. La base legal es la Sección 702 de FISA. La cobertura jurisdiccional es planetaria. La supervisión efectiva, prácticamente nula: la propia FISA Court determinó en 2011 que parte de las actividades del programa habían sido inconstitucionales, y se siguió ejecutando.

PRISM no es una anomalía aislada. Es la continuación de una tradición. COINTELPRO infiltró durante dos décadas a la Nueva Izquierda, al movimiento por los derechos civiles, al Movimiento Indio Americano y al poder negro bajo dirección directa del FBI. La Operación Minaret de la NSA tenía en sus listas de vigilancia a Martin Luther King, a Jane Fonda, a Joan Baez y al senador Frank Church. Del expediente en papel a la base de datos con inteligencia artificial, hay un mismo dispositivo en distintas tecnologías.

Esa es la tradición que prolonga el director del FBI que sube al escenario. Esta administración, si bien ha perdonado a personas como CZ de Binance que pudieran ser financieramente útiles, ha sostenido la persecución a los desarrolladores de privacidad: Roman Storm, de Tornado Cash, llevado a juicio por escribir código abierto que, como cualquier otro código, es una forma de discurso protegida en teoría por la Primera Enmienda; los desarrolladores de Samourai Wallet, arrestados. Esto ha sembrado ese miedo panóptico entre los desarrolladores de Bitcoin, una parálisis en la creación de herramientas que solo buscan proteger el derecho humano a la privacidad.

Y todo esto coexiste con un dato que conviene tener presente: solo el 2,67 % de los exchanges del mundo permite hoy adquirir bitcoin sin KYC. Esto, al tiempo que cada vez mayor parte del suministro se traslada a manos de custodios regulados, sujetos a OFAC. El panóptico financiero de Bitcoin se está construyendo y la Bitcoin Conference, parece querer ayudar.

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El argumento técnico no basta

Aquí podría tentarnos cerrar con la respuesta cómoda y verdadera: «los políticos pueden venir, no cambian las reglas de consenso». Y es verdad. Bitcoin es un protocolo abierto y ciego a quién lo use; nadie puede ser excluido. Como hemos sostenido en CriptoNoticias, bitcoin también es para políticos, igual que es para un inmigrante sin papeles, un narcotraficante o un plebeyo común. Esa apertura es la revolución.

Pero el argumento técnico, expuesto solo, es ingenuo. Porque la captura de Bitcoin no se está librando en la capa del protocolo, donde las reglas siguen funcionando. Se está librando en la capa social, en el plano de las ideas. Y en la capa material, donde los bitcoins se mueven de wallets autocustodiadas a custodios regulados que firman acuerdos de intercambio de información impuestos por la GAFI y la OCDE.

Un Bitcoin que solo se sostiene en pagarés emitidos por custodios regulados es un avión sin motor. Vuela mientras dure el impulso institucional, y cae cuando alguien decida —y lo decidirá, porque el incentivo está— que las reglas de consenso ya no convienen al esquema acumulado. La defensa del protocolo se hace en la capa social.

Subir al director del FBI, al fiscal en funciones, a la SEC y a la CFTC al escenario No es neutro respecto a las reglas de consenso. No las modifica hoy; modifica las condiciones bajo las cuales se modificarán mañana.

La pregunta correcta no es si los políticos pueden tener bitcoin —pueden, deben poder, y eso es parte de la fortaleza del protocolo—. La pregunta es a qué tipo de bitcoin se le abre la tarima principal del año. Si la conferencia más grande del mundo decide que su pieza central es el aparato regulatorio y no, por ejemplo, los desarrolladores de privacidad que ese mismo aparato persigue, está dando una respuesta. Y conviene leerla.


Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias. La opinión del autor es a título informativo y en ninguna circunstancia constituye una recomendación de inversión ni asesoría financiera.

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