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“El apagón de la minería de Bitcoin en Venezuela está por terminar”

El mapa de la minería de Bitcoin en América Latina se prepara para una reconfiguración de fuerzas. Eso es porque Paraguay, el actual bastión del sector en la región, enfrenta el agotamiento de su modelo de energía barata, mientras el sur de Venezuela emerge en los análisis técnicos como el heredero natural de esa potencia de cómputo.

Un reciente análisis del estratega conocido como Sultán, gerente en Luxor Technology, sugiere que el desplazamiento de capitales hacia Venezuela podría ser inminente, condicionado por la apertura de un cerrojo político que ha mantenido al país fuera del radar operativo.

Para explicar todo el potencial que tiene Venezuela, Sultán primero habla de Paraguay, país que cimentó su éxito en la minería de Bitcoin, aportando hoy el 4,3% del poder de cómputo globalconvirtiendo el exceso de energía de sus represas en activos digitales.

Sin embargo, este ciclo de crecimiento enfrenta obstáculos críticos porque las tarifas subieron a 0,051 dólares por kWh, se exigen depósitos de garantía millonarios y los contratos clave con la estatal ANDE vencen en diciembre de 2027. Para los grandes operadores, el «arbitraje fácil» en suelo paraguayo está llegando a su fin, forzándolos a buscar el próximo reservorio de energía marginal.

¿Cómo se habla de excedente energético en un país con crisis eléctrica?

Es aquí donde Venezuela surge por su potencial para la minería de Bitcoin. Aunque es natural que surja la gran pregunta: ¿cómo considerar al país como un competidor cuando su sistema eléctrico nacional atraviesa una crisis crónica?

La respuesta es que el declive de la industria pesada en la región de Guayana dejó unos 7.500 MW de capacidad ociosa en las represas del Bajo Caroní. Y esta energía está «atrapada» porque existe en las turbinas del surpero la deteriorada red de transmisión no puede transportarla hacia los hogares en el resto del país.

Venezuela tiene el doble del excedente que convirtió a Paraguay en potencia global. La diferencia es que Paraguay construyó la infraestructura para monetizarlo; Venezuela no, todavía.

Sultán, analista de mercados energéticos.

Sobre esta «abundancia inútil», el reporte de Sultán detalla una solución técnica que evitaría castigar aún más el consumo doméstico: «la propuesta es instalar centros de minado co-localizados en el Bajo Caroní, operando como carga flexible que se encienden cuando hay exceso de generación y se apagan en minutos cuando la demanda nacional sube. El objetivo es que el agua que hoy se bota al embalse se convierta en hashrate e ingresos en dólares sin saturar la red», añade Sultán.

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Pero el plan no se limita al río Caroní. En estados como Monagas, Anzoátegui y Zulia, Venezuela quema diariamente gas equivalente a miles de barriles de petróleo por falta de infraestructura para procesarlo.

Sultán propone replicar el modelo modular de gas a energía que ya funciona en regiones como Vaca Muerta, Argentina. Este sistema permite capturar el gas que hoy se desperdicia en la atmósfera y convertirlo en electricidad in situ para alimentar contenedores de minería, transformando un pasivo ambiental en una fuente de ingresos directos.

A diferencia de años anteriores, la viabilidad de este retorno no es solo una teoría de ingenieros. Se debe a que hoy el panorama geopolítico ha cambiado con las licencias 48A y 49A de la OFAC, que autorizan a empresas estadounidenses a operar en el sector energético venezolano, como fue reportado por CriptoNoticias.

Ahora, según Sultán, este movimiento regulatorio está incentivando a firmas como Arc Energy a evaluar la rehabilitación de la central hidroeléctrica de Tocoma, un proyecto que podría inyectar hasta 2.500 MW al sistema en cinco años.

Sin embargo, el capital internacional sigue siendo cauteloso. Para que Venezuela pase de ser un reservorio de energía «varada» a un actor emergente en el mapa del Bitcoin, necesita ofrecer algo más que kilovatios baratos. Esto porque requiere seguridad jurídica y una estabilidad regulatoria que disipe la desconfianza acumulada tras años de incertidumbre y restricciones.

En ese orden de ideas es de tener en cuenta que la minería de Bitcoin es, por naturaleza, una industria nómada que persigue el costo marginal más bajo. Y el potencial que tiene Venezuela como un país minero en términos de producción real, sitúa al país como la última gran frontera energética del hemisferio.

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Mientras el modelo paraguayo madura y se encarece, el zumbido de los procesadores en el sur venezolano podrían escucharse pronto para convertirse en una posibilidad logística. El recurso está allí; pero la decisión de mover el interruptor sigue siendo política.

Lo que falta es seguridad jurídica, estabilidad política y confianza institucional para atraer inversión seria y a gran escala en minería de Bitcoin. Sin un marco regulatorio claro, protección a la propiedad privada y garantías contra expropiaciones o cambios abruptos de reglas, el potencial energético sigue siendo solo una oportunidad teórica, tal como señaló a Criptonoticias Alessandro Cecere, gerente de negocios de Luxor.

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